Familiares tóxicos también deben salir de tu vida y no debes sentirte culpable

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Cuando nos hablan de relaciones tóxicas, inmediatamente lo asociamos con un vínculo amoroso mal entendido. Sin embargo, las relaciones de esta naturaleza también se dan en el ámbito familiar. Veamos qué ocurre en tales casos.

La persona tóxica afecta a su familia

Una madre puede ser sumamente sobreprotectora, lo cual la convierte en tóxica. Un padre puede ser tan exigente y severo, que se olvida de prodigar cariño a sus hijos, lo cual lo hace un padre tóxico.

Por su parte, los hermanos pueden ser tan egoístas y desconsiderados, que nos hacen mal al punto de que nos intoxican. ¿Qué hacer en tales casos?

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Lo primero es identificar que la relación en la que nos encontramos, ya sea amorosa o familiar. Si esta entra en la categoría de tóxica, no hay más que decir, solo nos resta actuar.

Hay que decirles adiós a los familiares tóxicos

La sociedad nos condiciona y nos marca el paso. Por lo tanto, a nadie se le ocurriría dejar a un padre o madre de lado, ni tampoco a los hermanos, solo porque "nos hagan mal."

Sin embargo, las aproximaciones actuales en psicología nos recomiendan buscar nuestra felicidad.

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Una vez que crecemos somos responsables de nuestra vida y está claro que nuestro pasaje por este mundo no es para sufrir, sino para ser todo lo felices que podamos.

Si esto implica tener que dejar atrás a personas tan importantes como las que nos dieron la vida o quienes compartieron la suya con nosotros desde que hemos nacido, también lo tenemos que hacer.

Consecuencias de las relaciones tóxicas
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Tal vez no nos animemos a abandonar a nuestra familia tóxica porque no tenemos noción de la magnitud que implica tener una relación de esta naturaleza.

Una relación tóxica nos diezma la salud: desarrollamos colesterol malo, corremos riesgo de padecer diabetes, estamos debajo de la espada de Damocles de un ataque cardiovascular y, por supuesto, no tenemos humor, energía ni tiempo de generar vínculos positivos.

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